Por qué México está irritado con El Salvador y lo ve como traidor en tema crisis Venezuela

Traiciones, diplomacia petrolera, la ausencia de Estados Unidos: la historia de la negociación de Cancún.

Los cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA) aplazaron su reunión en Washington, el 31 de mayo pasado, con el afán de llegar a un acuerdo sobre dos resoluciones que había en mesa sobre la crisis en Venezuela: la impulsada por México y 13 países más –los más poderosos de la región- que están en contra de una Constituyente como la que promueve Nicolás Maduro -y que pretende establecer a finales de julio, el cese de violencia y muertos opositores y la liberación de presos políticos, como Leopoldo López.

México había hecho su labor,  había preparado el terreno para llegar a la Asamblea General y salir victorioso. Nada podía fallar con el apoyo de las naciones latinas poderosas, que también contaba con la palabra del gobierno salvadoreño representado por su canciller Hugo Martínez.

El segundo texto, impulsado por los 14 países de la Comunidad del Caribe (Caricom), era mucho más débil, tibio y apenas pedía el diálogo entre el chavismo y la oposición, en aras de no tener problemas con Nicolás Maduro. En ningún caso hacía referencia alguna a la Constituyente, es decir, buscaba una solución favorable al gobierno venezolano y no perder los favores de la nación suramericana.

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México tenía todo, solo era cuestión de escuchar los discursos diplomáticos antes de lograr la condena a las acciones del gobierno de Venezuela. Los 23 votos necesarios parecían amarrados, hasta cuando El Salvador tomó la palabra.

El canciller salvadoreño Hugo Martínez participa en la Asamblea General de la OEA en Cancún, México.

De lograr sacar adelante la resolución, México se apuntaría una gran victoria para su diplomacia, pero ganaría el repudio de  Venezuela.

El  periódico español El País relata que incluso a unas horas de iniciar la cumbre, había intercambio de  llamadas, mensajes y borradores sobre la condena a Venezuela. El último texto había suprimido la mención a la liberación de los presos políticos y sobre la Asamblea Constituyente apenas se pedía que se reconsiderara su celebración. México casi había logrado humo blanco.

Lo que se veía difícil se había conseguido, al menos 10 países apoyarían la condena al patrón petrolero. Las posibilidades de superar el umbral de los 23 votos necesarios eran muy altas y México pensaba ya en lograr un resultado abultado, con el apoyo de El Salvador.

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Para entonces, Venezuela se había puesto en marcha. Había llegado a Cancún con una delegación de casi 20 personas, la más numerosa. Aprovechó la incipiente y débil propuesta caribeña, de las elevadas deudas de las islas y su total dependencia del apoyo petrolero de Maduro.

La presión fue total. Delcy Rodríguez, en su última misión como canciller, se vio con todas las delegaciones y consiguió una reunión con el Caricom en pleno, algo que no se le concedió a México.

La estocada definitiva ocurrió durante la reunión de cancilleres, el humo blanco de la condena pasó a ser negro. Después de horas de discusión, El Salvador pidió un receso en la sesión. Aseguraba que ellos sí, pero otros países –San Vicente y las Granadinas, Haití o Dominica, entre otros- no habían visto el nuevo texto. La sesión se detuvo casi una hora.

Al regreso, solo seis países caribeños votaron a favor del texto. Otros tantos se abstuvieron, entre ellos Antigua y Barbados, cuyo embajador había garantizado los apoyos horas antes. República Dominicana y sorpresivamente El Salvador, dos países a los que Venezuela ha puesto en el radar para una posible mediación con la oposición, también se abstuvieron.

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La posición de El Salvador irritó sobremanera a México, según varios de los presentes. Los anfitriones se sintieron, en cierta manera, traicionados por un país de su órbita de influencia. Unos días antes, había impulsado en Miami una reunión al máximo nivel entre los países centroamericanos y Estados Unidos. México dio por hecho que el gesto de promover aquel encuentro sería recompensado.

El Gobierno de Maduro no tuvo que ofrecer más petróleo, bastó presionar con la deuda para atraer a los timoratos. Solo entre República Dominicana, Haití, Granada y Antigua y Barbados suman más de 2,100 millones de deuda con Venezuela a través de acuerdos en el marco de Petrocaribe.

Aunque en el caso de El Salvador no hay deuda como Estado, Alba debe más de 900 millones de dólares, según información oficial. “Nunca vi un ejemplo de cubanización en la diplomacia de un país tan profunda como esta”, asegura un diplomático al tanto de las negociaciones.

México fracasó, y gran parte de eso se lo debe a El Salvador. Incluso, el canciller Martínez, en una entrevista con TCS ratificó que “Venezuela son todos los venezolanos del gobierno, la población, la sociedad civil, entonces ¿por qué se habla de apoyar o no a Venezuela? todos deberíamos de apoyar a Venezuela, como país y todos deberíamos de apoyar que Venezuela encuentre una salida”.

La semana pasada, el senador de Florida, Marco Rubio afirmó que el apoyo de El Salvador, Haití y República Dominicana para el presidente de Venezuela Nicolás Maduro ante la Organización de Estados Americanos (OEA) afectará las relaciones con el gobierno de los Estados Unidos (EUA).

“No hay duda de que el apoyo de Haití, República Dominicana y El Salvador a Nicolás Maduro en la Organización de Estados Americanos afectará relación con Estados Unidos”, publicó en su cuenta de Twitter esta mañana.

Rubio mantiene una estrecha relación con el presidente estadounidense, Donald Trump.

Con informes de El País, Infobae y agencias.

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