Rusia prohibió a los Testigos de Jehová por describir a la iglesia Ortodoxa rusa como “superstición” y “brujería”

Esta es la verdad de por qué Rusia no quiere a los Testigos de Jehová.

La Iglesia ortodoxa es la principal en Rusia y con ella se identifica alrededor del 75% de la población, según varias encuestas, la última de 2012 llevada a cabo por la organización Levada y publicada por el Departamento Sinodal para la Caridad y el Ministerio Social de la Iglesia Ortodoxa Ruso (Pravmir).

Por lo que Rusia consideró de irreverente y falta de respeto por parte de los Testigos de Jehová el que llamara a la iglesia rusa Ortodoxa como de “brujería” y “superstición”.

La Corte Suprema declaró organización extremista el Centro de Dirección de los Testigos de Jehová en Rusia y dispuso que se prohíba su labor en el territorio del país.

Eso es lo que falló este jueves Yuri Ivanenko, juez del máximo tribunal ruso. Los Testigos de Jehová han tratado de ocultar la verdad y se metieron en problemas legales. No es una cuestión de persecución ni nada por el estilo. “Es falta a las leyes de un país, respeto cuando Dios mismo dice en la Biblia que hay que darle al César lo que es del César, y cuanto también dice que toda autoridad es impuesta por Dios”, relata un religioso ruso.

No solo eso, los Testigos de Jehová no aceptan ninguna Biblia que no sea la que ellos imprimen y distribuyen. Para rematar, los Testigos de Jehová son una organización religiosa internacional que comparte preceptos de otras corrientes no ortodoxas del cristianismo, pero que no creen en la divinidad de Cristo, lo ven de menos, tampoco aceptan la divinidad del Espíritu Santo, lo que provoca el rechazo de otras confesiones cristianas, y sus miembros no pueden someterse a transfusiones de sangre.

Por eso la Corte tomó como válida una demanda presentada el 30 de marzo por el Ministerio de Justicia, en la que señalaba al movimiento religioso de base cristiana de constituir «una amenaza para los derechos de los ciudadanos, el orden social y la seguridad pública».

El Ministerio ya había suspendido el trabajo del Centro por considerarlo «extremista», hasta que el alto tribunal dictase la sentencia definitiva.

Y ahora, según lo leído por el juez Ivanenko, el fallo obliga a los Testigos de Jehová a «entregar sus propiedades a la Federación Rusa», tal como lo había solicitado el Ministerio.

Los voceros del movimiento en Rusia negaron todas las acusaciones en su contra y se mostraron «conmocionados».

Y sus abogados informaron que apelarán el fallo ante la Corte Europea de Derechos Humanos, la única opción que les queda agotada ahora la vía legal del país.

«No pensaba que pudiera suceder algo así en la Rusia moderna, donde la Constitución garantiza nuestra libertad religiosa», declaró un portavoz de los Testigos de Jehová, Yaroslav Sivulsky, a la agencia de noticias AFP.

«Si continúan con su actividad normal, de irrespeto a una Nación, los Testigos de Jehová de Rusia serán vistos como criminales», le decía Sivulsky a la BBC el 5 de abril, el día en el que inició el juicio en la Corte Suprema, y previendo que ésta fallaría en contra de su movimiento.

Esto afectaría a las 395 ramificaciones de esta fe en Rusia y a un total de 175,000 fieles que el movimiento religioso dice tener en el país.

Stepanov y otros fieles denuncian asimismo que la policía ha colocado evidencias contra ellos, y respaldan su afirmación con grabaciones de cámaras de seguridad captadas durante la redada a uno de sus centros, aunque esto no ha sido confirmado de forma independiente.

Hay expertos que aseguran que la decisión contra los Testigos de Jehová simplemente forma parte de una creciente campaña de las autoridades para disminuir el poder de los grupos religiosos que compiten con la Iglesia ortodoxa, señala el editor del servicio ruso de la BBC, Famil Ismailov.

«Los Testigos de Jehová no se involucran en política, pero aun así se considera al movimiento como una desviación política sospechosa», le dijo asimismo Geraldine Fagan, autora de Believing in Russia. Religious Policy After Communism (La fe en Rusia. La política religiosa tras el comunismo), al diario estadounidense The New York Times.

«La idea de una actividad religiosa independiente y pública que está completamente fuera del control -y también indiferente hacia- el Estado enciende todo tipo de alarmas de la Iglesia ortodoxa y los servicios de seguridad» de Rusia, añadió.

Aunque ni el gobierno ruso ni la Iglesia ortodoxa ha hecho comentarios respecto a esto.

Pero en la demanda presentada el 30 de marzo ante la Corte Suprema, el Ministerio de Justicia solicitaba también cerrar el cuartel general del movimiento en San Petersburgo y prohibir sus publicaciones «extremistas».

Por otra parte, también hay quien considera que los Testigos de Jehová constituyen una secta.

«A diferencia de las sectas clásicas como las bautistas, los Testigos de Jehová controlan duramente a los miembros de su comunidad, limitan sus derechos civiles, regulan todos los aspectos de su vida, los engañan durante el reclutamiento y los explotan», sostiene por ejemplo Alexánder Dvorkin, profesor y especialista en religiones citado por la agencia estatal rusa RIA Novosti.

De momento, los Testigos de Jehová ya adelantaron que recurrirán la decisión ante el tribunal de Estrasburgo, la máxima autoridad judicial en Europa para la garantía de los derechos humanos y las libertades fundamentales.