Experto en guerra de Afganistán recomienda a universidades ver última película de Brad Pitt

El australiano David Michod, director y guionista, ha logrado junto a Netflix crear una película que es oscura, satírica, emocional y divertida a la vez.

Un nuevo filme parece responder a la extensa guerra entre Estados Unidos y Afganistán. La guerra más larga que EUA ha luchado (16 años y contando) está a punto de extenderse debido a la decisión del presidente Donald Trump de enviar al terreno miles de soldados más.

La llamada «guerra contra el terrorismo» que lanzó el presidente George W. Bush, ha saltado a las pantallas de Hollywood, pero no busca ser un filme más.

Existen múltiples preguntas que pocos film contestan como ¿Debía Estados Unidos invadir o interferir en países que poco conoce? ¿Cómo las tropas pueden ganarse el apoyo local? ¿Es coherente la promoción de la democracia por una parte del gobierno de EUA mientras que otra parte quiere solo una estrategia de guerra?, este filme si promete hacerlo.

«War Machine» («Máquina de guerra») es el filme, que por su título parece ser otra película de acción, pero no es así, muestra de forma brillante las preguntas arriba enunciadas.

Ben Kingsley en War Machine

El guión está basado en el artículo de la revista Rolling Stone, que después se convirtió en libro: «Los operadores: la salvaje y aterradora historia de la guerra de EUA en Afganistán», escrito por el periodista Michael Hastings.

El artículo condujo al retiro en 2010 del general Stanley McChrystal, la persona que estaba a cargo de comandar la guerra en Afganistán, después de que él y sus subordinados hicieran ante el periodista comentarios despectivos sobre el gobierno de Barack Obama, reporta BBC Mundo.

La película, de hecho, se centra en la serie de hechos que llevan al despido de McChrystal.

Brad Pitt interpreta el papel del general Glen McHahon, una versión imaginaria de McChrystal, quien es amado por sus hombres pero a la vez está lleno de excentricidades.

Pitt logra retratar al general con elementos de la comedia absurda, pero a la vez como alguien que está en plena curva de aprendizaje sobre cómo ganar o perder una guerra moderna.

«Vamos a ganar esto y quiero que se lo metan bien en la cabeza», le dice a sus ayudantes, un grupo de actores igualmente brillantes, cuyas apariciones ayudan a mostrar la lenta compresión del general de que sólo está repitiendo lo que los otros comandantes intentaron antes e irremediablemente fallaron.

Pronto comienza a tener problemas: no puede obtener más tropas, porque Obama no quiere enviarlas.

Tampoco puede evitar que los granjeros afganos dejen de sembrar amapolas -de donde se obtiene el opio- porque funcionarios estadounidenses le dicen que otros cultivos alternativos, como el algodón, competirían con lo que producen los granjeros en Estados Unidos.

Algunas de las grandes lecciones le llegan a través sus compañeros de la OTAN. «No puedes construir una nación a punta de pistola» y «no te puedes ganar la confianza de un país invadiéndolo», le dicen.

Pero no sólo es Pitt. También está la interpretación de Ben Kingsley en el papel de Hamid Karzai, el cínico expresidente de Afganistán.

Kingsley, además de imitar hasta los tics nerviosos del mandatario, interpela al general sobre su empeño de sacar a adelante al país.

soldado en Afganistán