Muere Jonathan Demme, director de «El silencio de los inocentes»

Jonathan Demme, ha muerto a los 73 años, medios internacionales detallan que padecía de cáncer de esófago y una enfermedad del corazón.

Jonathan Demme, cineasta estadounidense y representante de uno de esos momentos en los que la creatividad y el éxito comercial estuvieron unidos, ha muerto a los 73 años.

Según publican varios medios norteamericanos, el realizador ha muerto de cáncer de esófago y una enfermedad de corazón que llevaba tratando desde 2010.

Su nombre remite inevitablemente a El silencio de los corderos, la película de psicópatas que marcó una época en la industria. Su filmografía, sin embargo, es más compleja.

En 1992 Demme ganó el Oscar a mejor director por «El silencio de los inocentes», cinta protagonizada por Jodie Foster y Anthony Hopkins, quienes también lograron estatuillas doradas.

También dirigió en 1993 «Philadelphia» una de las primeras películas de Hollywood en tratar el tema del VIH/SIDA por la que Tom Hanks ganó un Oscar al mejor actor.

A lo largo de su carrera Demme también filmó documentales premiados, como «Jimmy Carter Man From Plains», y videos musicales. En 2015, dirigió la comedia de Meryl Streep «Ricki and the Flash».

La primera película por la que Demme se ganó al público, era una reinterpretación gamberra y acharolada de las screwballs, el viejo género de las comedias de guerra de sexos, que terminaba en realismo sucio. Melanie Griffith, debutante en aquella película, puso mucho en favor de la empresa.

Después, El silencio de los corderos tuvo el mérito de inventar un híbrido entre el cine de terror y el género del thriller. Parece lo mismo pero no lo es. Y, en medio, Philadelphia fue un drama más convencional, reconfortante y fotogénico, pero quedará para siempre en la historia por ser la primera gran producción que abordó el tema del SIDA.

Demme, además, tiene un papel interesante en la historia de Hollywood. Tomó el relevo del cine de serie B de Roger Corman y lo llevó a los cauces del gran Hollywood. Le puso un poco de cultura pop (hizo documentales sobre Neil Young y los Talking Heads, el magnífico Stop making sense) y un punto de encanto personal irresistible.